Mallorca

Nos habíamos quedado el mes pasado en una visión general de las Baleares, con un pequeño approach a los atractivos de Menorca, Ibiza y Formentera. Ahora le toca el turno a la mayor, a Mallorca, que por su extensión, perímetro costero y situación, en el centro del archipiélago, juega un poco la baza de comodín, y tanto puede constituir por si sola el objetivo único de una semana de crucero, como encajar perfectamente en un programa de navegación más amplio combinado con visitas a las islas vecinas.

Real Club Náutico de Palma

Real Club Náutico de Palma

Palma, la capital de la isla, es un poco la escala de referencia, el punto de visita obligado, todos los caminos parecen confluir en ella. En su bahía se concentran algunas de las Marinas y Náuticos mas conocidas del Mediterráneo como el Club de Mar, Puerto Portals o el prestigioso RCN de Palma, que organiza cada año manifestaciones ya clásicas de calendario internacional como la Copa del Rey, la Palma Vela, y más recientemente sede de la Súper Yacht Cup. Pero no estamos hoy aquí para repasar la historia de la náutica deportiva, la propuesta que teníamos era la de largar amarras y navegar alrededor de la isla, pero como les comentaba hace un momento si tenemos que elegir un punto de partida, Palma se presta como anillo al dedo. Todos los factores juegan a su favor, proximidad del aeropuerto, las más importantes compañías de charter tienen su base aquí, y además la ciudad merece la visita. Una ciudad que ha recuperado su vocación marítima y que desde hace unas décadas vuelve a vivir de cara al mar.

La inconfundible silueta de la Catedral es una de las imágenes con las que nos quedaremos cuando dejemos atrás el puerto. El “embat”, la brisa térmica dominante en la bahía de Palma, nos obligará a tirar unos bordos para apuntar hacia el SE, hacia el subarchipielago de Cabrera, nuestro primer destino. Este Parque Natural es uno de los últimos espacios vírgenes del Mediterráneo occidental, un autentico paraíso, y un lujo a escasas treinta millas de Palma. En el puerto de Cabrera, un abrigo natural utilizado como fondeadero desde la edad de Bronce, amarraremos, previa obtención de la correspondiente autorización, en uno de los 50 muertos que ha habilitado el organismo gestor del Parque para proteger el fondo marino, en especial las praderas de posidonia, y de paso garantizarnos una noche tranquila, aquí se viene a disfrutar de la naturaleza y de la paz.

Club Nàutic Sa Ràpita

Club Nàutic Sa Ràpita

A la mañana siguiente pondremos proa hacia las aguas turquesas de Cabo Salinas en el extremo sur de Mallorca, una zona espectacular que desde el náutico de La Rapita, junto a la maravillosa, área protegida, playa del Trenc, la Colonia de Sant Jordi, y los verdes fondeos, pinares y arena de Es Carbó y Es Caracol forman uno de los enclaves más especiales de la isla. Pero nuestro destino, el objetivo del día es Porto Colom y en el camino, remontando la costa de levante mallorquina, puede que nos toque de nuevo ceñida, iremos dejando calas como Marmols, s’Almonia, Mondrago, Llombards, Santanyí o pequeños puertos pintorescos como Cala Figuera, Porto Petro o la elegante Marina de Cala d’Or. Pero si tenemos solo una semana para nuestro periplo en torno a Mallorca se impone un cierto ritmo.

Porto Colom, a escasas 25 millas de Cabrera, nos espera escondido tras una estrecha bocana, como una hendidura en el escarpado frontón rocoso de la costa. Un elegante faro sirve de referencia y nos guía hacia el interior, casi un lago, bordeado por un paseo de pinos, casas de arquitectura tradicional mallorquina con embarcaderos junto al mar, fachadas de colores, ocres, pasteles, Mediterráneo puro. Podemos optar por fondear o dirigirnos a las instalaciones del Club Náutico o de Puertos en uno de los ángulos del protegido espejo de agua, junto al núcleo del pueblo.

Club Nàutic Porto Cristo

Club Nàutic Porto Cristo

Nuestra siguiente etapa nos llevará hasta Cala Rajada, de nuevo un poco más de 20 millas, y un buen puñado de tentaciones jalonando el recorrido, es la costa de las calas, Barca, Falco, Estrany d’en Mas, Anguila, Mandía, Virgili, Barquetas y Magraner, las hay para todos los gustos, grandes, majestuosas, pequeñas, urbanizadas y salvajes, vírgenes de toda construcción, pero todas con un denominador común: aguas cristalinas. Porto Cristo y Cala Bona, son dos alternativas, dos posibles escalas portuarias antes de llegar a destino. Cala Rajada, a pesar de su reconversión al turismo, conserva aún un cierto tipismo, ambiente de puerto pesquero, casas encaladas, varadero… El petardeo, lento, pausado y sonoro de los potentes diesel de los arrastreros, las “barcas de bou”, siguen puntuando el silencio de las noches. La impresionante escolera a la que abarloaremos testimonia de la fuerza de los temporales de Levante y Gregal en la zona.

A partir de aquí, al doblar Cap de Pera y su faro que baliza el breve, pero temible, Canal de Menorca, solo 25 millas hasta Dartuix, todo dependerá de la meteó, del tiempo que encontremos. Vamos a encararnos con el Gran Norte mallorquín, si las cosas se tuercen, y entran el Mistral o la Tramontana, la solución pasa por dar media vuelta y enredar, de bajada, entre las diferentes y atractivas alternativas que habíamos

Club Nàutic Cala Rajada

Club Nàutic Cala Rajada

dejado atrás los días anteriores. Si podemos seguir avanzando nuestro rumbo nos llevará hacia Pollensa, otras 24 millas en la corredera, y antes pasaremos, navegaremos, junto a la abrupta mole de Farrutx, 500 metros cortados entre cielo y mar. Después atravesaremos la amplia y agradable bahía de Alcudia, otra escala a considerar si el viento o el tiempo no acompañan. En Pollensa podremos optar entre el renovado Club Náutico, o el fondeo frente al puerto, lo Port, con sus animadas terrazas, casa señoriales, pórticos, hoteles antiguos y discretos herencia de un primer turismo, viajeros británicos de principios del XX. La mítica playa de Formentor, la ensenada protegida por la isla de Pino, sera la opción elegida por los que prefieren la quietud, pasar la noche contando estrellas.

Al día siguiente, tras virar el impresionante cabo que lleva o da nombre a la península, Formentor, empezamos nuestra particular cuesta abajo, deslizándonos junto al muro de la Serra de Tramuntana, montañas de mas de mil metros de altura que caen a pico sobre el azul cobalto del mar, aguas profundas. Ningún puerto, abrigo posible, en todo el trayecto, unas 35 millas hasta Soller. Cuando el Mistral, el Poniente o el SO, el Llebeig, soplan, el mar crece, se hincha y cambia de color, gris verdoso, y las olas rompen con fuerza en los acantilados, blancos de espuma, la atmósfera se impregna de salitre, son días para estar en puerto. Con buen tiempo, y sobre todo en verano, el viento suele escasear, se impone el motor y en esas circunstancias apreciaremos mejor el paisaje, un desfile de escenarios tan increíbles como, Cala Figuera, Tuent, y La Calobra con el Torrente de Pareis.

La llegada al puerto de Soller, un circulo casi perfecto, o mejor un circo, un anfiteatro rodeado montañas, encajado al pie del Puig Major, el techo de la isla, es un autentico espectáculo de una belleza y majestuosidad indescriptibles. Un puerto con carácter, con personalidad y también con tranvía. El medio ideal para acercarse hasta la ciudad de Soller, vagones de madera barnizada, traqueteo entre naranjos, verde y oro. El poeta Robert Graves situó aquí, en el valle, el mítico Jardín de las Hespérides, donde crecían los frutos dorados.

Puerto de Sóller

Puerto de Sóller

Desde Soller al Pto. De Andraitx, nuestra próxima escala, de nuevo 25 millas de costa grandiosa, pero tras el paso de la cala de Deia y el espinazo de la Foradada, la montaña parece alejarse ligeramente del mar. Los acantilados se hacen menos presentes, las vertientes se suavizan, casi podríamos decir que se humanizan, aparecen los bancales poblados de olivos milenarios, y algunos pueblos se asoman tímidamente por las laderas, Banyalbufar, Estellencs, terrazas de piedra, atalayas costeras. Vamos ganando sur, hasta que por fin aparece la inconfundible silueta de la Dragonera, perfil de dragón dormido, sesteando sobre el mar. Luego San Telmo, donde desembarcó en 1.229 la flota catalana que acabaría con más de cuatro siglos de dominación árabe, la media luna de Medina Mayurqa deja paso al cristiano Reino de Mallorca.

El puerto de Andraitx, con la maciza silueta de la Mola presidiendo la entrada, tendrá para nosotros un sabor especial, como de despedida, de última escala antes de cerrar nuestro periplo. Una escala agradable, entre veraneo de siempre y refugio de la jet, y también un lugar con marcada tradición marinera. De aquí salían rumbo a la lejana Cuba los pailebotes, los bergantines, los últimos veleros dedicados al comercio colonial… y el que no hacía el Atlántico, vivía del cabotaje o se dedicaba la pesca, todos gente de mar. Es la escala ideal para dar el salto hasta la vecina Ibiza, cuarenta y pocas millas de “freu”, de canal, hasta el islote de Tagomago.

Pero nosotros ya hemos cumplido el programa que nos habíamos propuesto, Palma nos espera de nuevo casi a la vuelta de la esquina, 18 millas, la mitad de ellas ya en la bahía tras doblar el faro de la punta de Cala Figuera, y seguramente con viento de popa.

Si nos han seguido hasta aquí, y esta vuelta virtual les ha resultado entretenida, no duden en pasar a la acción, acérquense hasta la isla y déjense sorprender, la mayor de las Baleares no les defraudará.

Buen viento y hasta pronto.

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