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Córcega

Monday, August 17th, 2009

CórcegaEn este mes que marca el cenit del verano pondremos rumbo de nuevo hacia el Mediterráneo Occidental para detenernos, hacer escala, en una de sus islas más singulares, Córcega. Corsica, en corso, o Kérsica, para los antiguos, debe su nombre al radical tirreno Ker, que no significa otra cosa que montaña, y eso es Córcega una montaña surgiendo abrupta del mar.

Esta isla de casi 9.000 m2 de extensión, unas tres veces Mallorca, es la más alta del Mediterráneo, con una elevación media de 568 metros sobre el nivel del mar. Siete picos superan los 2.000 m. y uno de ellos el Monte Cinto alcanza los 2.700, isla montaña pues. Los griegos la conocían también como “kalliste” la más bella y no iban faltos de razón. Montaña, rocas de granito de todas las tonalidades, gris, blanco, rosa, que va cambiando el matiz, variando según el sol, la luz. Montañas recubiertas de maquis, de espesa vegetación mediterránea, lentisco, acebuche, zarzas, helechos, luego pinos, olivos, encinas, alcornoques, altivos abetos, verde por todo, una isla jardín, un jardín botánico. Pero también mar, un mar omnipresente, playas, calas, bahías, golfos, una costa recortada, accidentada, con colores que van desde índigo o del cobalto cuando la montaña, los acantilados caen a pico en el azul, a los turquesas, los esmeraldas, fondo de arena fina, trabajo milenario de erosión, el viento, las olas. Porque la isla, para ir entrando en tema náutico, es también ventosa. Por su posición, anclada al sureste de la costa azul francesa, expuesta a los excesos del Golfo de León, y dependiendo de lo humores cambiantes del de Génova, Córcega parece estar en el centro de un compás, le llega el viento de todos los lados. Aunque conviene matizar, diferenciar al menos dos vertientes, la costa occidental y la oriental. En la primera, más expuesta a los embates del violento Golfo de León, predominan los vientos de componente Oeste, con un claro predominio del Libecciu, el Lebeche, el SO, que llega a soplar hasta 192 días al año en Bonifacio, al sur, y 174 días en los parajes del Cap Corse, al norte de la isla. El Mistral, Maistrale, suele perder su dirección original de NO, confundiéndose a veces con el Libecciu. Se les diferencia por la piel, el SO es más húmedo, menos frío, y también por la visibilidad. Cuando manda el Mistral las montañas parecen de cartón piedra, se recortan nítidas en el interior, con el Libeccio sin embargo suelen cargarse de nubes y en ocasiones, en otoño o invierno suele llegar acompañado de lluvia. Pero mejor volvamos al verano, en esa estación podemos hablar de un dominio de la brisa térmica que tiende, en general, lo habrán adivinado, a venir también del SO, pero con la buena costumbre de soplar mas moderadamente y de caer, desparecer, a la puesta de sol.

BastiaEn la vertiente oriental, pese a que los vientos mencionados hasta ahora, Mistral y Lebeche, se pueden dejar sentir cuando soplan con ímpetu, tendremos la protección de la costa, y aunque en los extremos de la isla, las rachas pueden ser muy violentas, no sufriremos el castigo, la fuerza del mar. En este lado de la isla hay que tener en cuenta, conjugar, con los del sector de levante, en especial el Gregal, Grecale, que levanta fuertes marejadas en invierno, y el Siroco, Sciloccu para los locales, que tanto en primavera como en otoño se deja sentir con frecuencia como lo atestiguan los 105 días al año de presencia en Bastia, al NE de la isla. En verano, las brisas costeras tienden a venir también del Este, conjugando un poco con el relieve de la costa, orientándose generalmente como SE, y en ocasiones, según lo que se prepare en el Golfo de Génova puede rolar más hacia el NE.

De lo que acabamos de exponer pueden ir deduciendo que viento no les va a faltar si se aventuran a navegar por aquí. Pero, a parte del placer de poder navegar a vela la mayoría de los días, los abrigos, los puertos, son abundantes y tanto Météo France como los servicios de previsión que se pueden consultar en todas las capitanerías de las Marinas suelen ser muy fiables, con previsiones a tres y hasta cinco días que nos permitirán programar nuestras escalas, nuestra ruta con conocimiento de causa, sabiendo lo que nos espera, lo que vamos a encontrar.

Por su extensión, y su articulado perímetro costero, Córcega permite una división en tres zonas, tres áreas diferenciadas, y sinceramente no recomendamos el intentar dar la vuelta a la isla si no disponemos de al menos 20 días o tres semanas. Me refiero por supuesto a una vuelta en plan crucero, orientado al disfrute, a conocer la costa, a descubrir la isla, navegación placentera.

BonifaccioEn primer lugar, para los que vienen desde Francia, o incluso desde la costa Catalana, podemos recomendar el “tour” del norte, del Cap Corse, o si me apuran, desde Calvi hasta Bastia. Calvi, al socaire de la Punta Revellata, es uno de los puntos de “aterrizaje” clásicos para los navegantes franceses que vienen de Niza, Antibes o Saint Tropez. Su soberbia bahía, una media luna de arena, ofrece buena protección de los vientos dominantes en la temporada estival. El puerto deportivo suele llenarse siempre en temporada alta, mejor reservar, y la ciudadela amurallada, donde supuestamente, según los nativos, nació C. Colón, cuando la isla estaba bajo dominación Genovesa, será sin duda una de las escalas que quedaran grabadas en la memoria, un espectáculo a la puesta de sol. A menos de 30 millas, puntuadas de calas, y con las posibles paradas de Saint Ambroggio y de l’île Rousse, encontraremos el atractivo puerto de Saint Florent, al fondo del Golfo que lleva su nombre. De nuevo una ciudadela genovesa, nobles piedras, palacios, construcciones antiguas y elegantes, la marca de la isla, nada desentona. A partir de aquí, si apuntamos al espinazo del Cap Corse, una península, un macizo montañoso, cimas de más de mil metros , que se interna en el mar hacia el norte, daremos con fondeos perdidos, inaccesibles por tierra, pequeños y pintorescos puertos pesqueros, la salida al mar de pueblos encaramados en las laderas de esta tierra montañosa. Una mención especial para Centuri, a poniente, y Erbalunga, a levante, pero en este tramo de costa agreste conviene fondear con la garantía de buen tiempo estable, no hay abrigos seguros. BastiaSolo la moderna marina de Macinaggio, una vez que hayamos doblado la mítica roca, islote, de la Giraglia, nos puede asegurar la oportuna protección si se levanta un viento inesperado. Más al sur, Bastia, la capital provincial del norte de Córcega, la isla esta dividida en dos departamentos, es un poco el pulmón económico de la isla, la que asegura sobre todo el tráfico comercial con Italia, y si bien las construcciones antiguas de la ciudad vieja conservan un cierto encanto, el resto deja un tanto que desear. Pongamos que es un punto táctico, aeropuerto y gran puerto, de contacto, una puerta de entrada y salida. También el punto ideal, junto con Macinaggio donde tienen su base muchas compañías de charter, para emprender un crucero por el norte de la isla o dar el salto a la vecina y coqueta Elba y al archipiélago Toscano.

La segunda zona viene a cubrir una gran parte del litoral Oeste de la isla, desde Calvi, hasta la capital meridional Ajaccio. Casi la mitad de esta espectacular costa brava corresponde a la fachada marítima del “Parque Regional Natural” de Córcega, un área protegida que cruza la isla en diagonal, casi un tercio de su extensión, desde al NO al SE. Las emociones, sensaciones fuertes, empiezan en el Cap Cavallo, con Galeria, tras el rojizo y tortuoso Capo Gargallo, cuando surgen los Golfos de la Girolata y de Porto. Se suceden calas y ensenadas, las calanques de Tuara, Caspio, Busaglia, Piana, Ficajola…De todas estas maravillosas, posibles escalas, solo una ofrece protección contra los constantes embates del oeste, la Girolata. El Golfo de la Girolata, con el “handicap” de su capacidad limitada, saturado en verano, es el único punto con el que podemos contar para pasar la noche si el viento se suma a la fiesta, un dato a tener en cuenta si nos paseamos por esta cara salvaje de la isla. Un poco más al sur, tras la pequeña marina de Cargese, se abre el golfo de Sagone y de nuevo un puñado de fondeaderos atractivos. Pero hay que doblar, o cruzar, los islotes de las “Sanguinaires”, que cierran, marcan, la entrada del imponente golfo de Ajaccio. La capital del sur de la isla, la otra capital, es más señorial, más elegante, no en vano es la ciudad natal del corso más ilustre, Napoleón Bonaparte, el pequeño gran emperador. Dos modernas marinas, que suelen llenarse hasta la bandera durante los meses de Julio y Agosto, nos permiten parar y disfrutar en Ajaccio. Una parada, etapa, interesante históricamente, les recomendamos la visita del museo Fesch, magnifica colección de pintura, o pasearse por el centro, entre elegantes edificios de corte neoclásico colonial al borde del mar y tomar un aperitivo en alguna de sus animadas plazas. También hay que perderse por el barrio de los pescadores, el San Carlo, de origen napolitano donde se encuentran los mejores restaurantes. Es el lugar ideal para degustar la buena cocina local, riquísimas sopas de pescado y sabrosas bullabesas. Y por supuesto es el lugar óptimo para aprovisionar el barco, o para cambiar de tripulación, Ajaccio esta bien comunicada, cuenta con un puerto activo y el con el aeropuerto mas importante de la isla.

Pero ya nos hemos extendido mucho por hoy, Córcega da para mucho y no podemos contarlo todo de una vez. Nos queda el sur de la isla, desde el Golfo de Valinco, al SO, hasta Porto Vecchio ya en el Tirreno, y entre ambos las míticas Bocas de Bonifacio, de ellas hablaremos/trataremos el próximo mes.

Hasta entonces, lo de siempre, que disfruten del mar y del verano. ¡Buen viento!

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